Cuarta noche del 48 Festival de Folklore de Cosquín
Nadie puede negarlo. Salta tuvo su gran noche. Y los 45 temas musicales que trajo consigo el Chaqueño Palavecino dejaron a la provincia norteña grabada a fuego en los tablones del escenario mayor del Festival Nacional del Folklore.
La cuarta luna coscoína, a veces escondida, vivió una de las noches más vibrantes de esta 48° edición con un ansioso público que hacía notar sus ganas de vivir la fiesta que llegaría del Chaco salteño.
Acompañado de sus músicos, de “amigos del alma” y otros invitados, el Chaqueño Palavecino se plantó en el templo folklórico durante 3 horas rompiendo tal vez algún record.
La ardiente multitud recibió de pie al consagrado Chaqueño que, entre chacarera y charcarera aclaró: “a cantar hemos venido”, y nadie lo dudó.
El escenario estaba cubierto por la foto de un rancho, que es la tapa de su nuevo disco, y un clima cotidiano y festivo se traslado a todo el show.
Antes de “Damasita”, el público gritaba su nombre y él aprovechó la oportunidad de recoger, en los cientos de carteles, los mensajes de la gente. Luego sonó, “Por los caminos de mi pago” y “Chaco escondido” junto a su primer invitada.
Si bien ya caminó más de 15 años en el escenario de Cosquín, expresó “no sé con que pagar tanto que nos han dado” y la verdadera fiesta empezó.
“A Don Amancio” se escuchó y el coro de una plaza repleta iluminó la noche. Banderas, carteles, y el sonido de un bandoneón prepararon los corazones para “Por amor a qué”.
Con acordes mexicanos, italianos y cordobeses se lucieron los músicos antes de que suba al escenario un hacedor de éxitos, Roberto Ternán, quien fuera autor, entre otros, de “Amor salvaje” y “La ley y la trampa” aclaró el Chaqueño. Juntos, creador e intérprete, le pusieron ritmo a la desbordada Próspero Molina con “Amigo Negro José” y la legendaria “Déjame que me vaya” compuesta por Ternán junto a Cuti Carabajal.
No había llegado la mitad del espectáculo cuando el tercer invitado, también de Salta, subió al escenario a reconocer sus composiciones y compartir el canto a través de “En suspenso”, canción transformada en leyenda por Los Nocheros. Yuyo Montes, fue ovacionado y aplaudido con el humor de “Infiel por necesidad”.
La zamba bajó a los pasillos de la plaza del folklore y se empezaron a abrazar los pañuelos de los bailarines.
El repiquetear de un bombo marcó el momento de las chacareras de los “hombres del monte”, como definió el chaqueño a sus músicos que, entre divertidos “aro, aro”, sembraron de emoción a una platea que se sentía como en su casa.
La noche parecía no tener fin. La canción número 30 empezaba a sonar y algunos presentes comenzaron a retirarse. Desde el río Paraná llegó el islero Rufino, “un hermano del alma” con chamarra y sapucay. Luego, los comparseros de Salta vinieron a cantar… y dejaron en sus coplas, plumaje, coloridos atuendos y toda la fuerza del carnaval.
Ya en la recta final ocurrieron dos notas de color al estilo palavecino. Un fiel seguidor del cantor norteño logró burlar la seguridad y corrió a los brazos del ídolo que lo recibió con afecto. En “Amor Salvaje” una prenda de ropa interior femenina le fue arrojada al artista y terminó en manos del sorprendido maestro de ceremonias Miguel Angel Gutierrez. “Un recuerdo del festival”.
La gente de pié y muy entusiasmada bailó, cantó y dejó su garganta en cada sapucay. “Tenemos ganas de seguir”, afirmó el anfitrión de la verdadera fiesta cuando ya se habían cumplido 7 horas del comienzo de la cuarta luna del festival de Cosquín.
Los miles de presentes no volvieron a sentarse en sus butacas. El Chaqueño y sus músicos dejaron el alma en una noche vivida como si fuera la última.
Fuente: aquicosquin.org
En la cálida mañana del 19 de enero de 2008 Cosquín comenzó su fiesta con un espectacular desfile lleno de color, música y alegría. Más de mil personas recorrieron la calle central de la ciudad luciendo trajes típicos, llamativos maquillajes, instrumentos musicales y danzas tradicionales. El masivo público aplaudía, tomaba fotografías y contemplaba curioso el recorrido del paisanaje presente.
Harina en el aire y aroma a albahaca fueron las marcas inconfundibles de los vidaleros y chayeros riojanos; intensos colores, distintivos disfraces y sonidos de cascabeles desfilaron desde la tierra humahuaqueña y como no podía faltar, el repiquetear de herraduras de los más de 700 jinetes de a caballo que le pusieron el sonido campero a la mañana.
